Toqueteo de la Cañada

Por Fernando Palacios Cházares

Algo grave viene sucediendo en esta administración gubernamental ya que desde los primeros días del gobierno de Gabino Cué Monteagudo, algunos funcionarios  se han empeñado en marginar y contribuir al divisionismo que viven los habitantes de algunas  poblaciones indígenas como Eloxochitlán de Flores Magón.

De manera descarada y sin el menor respeto a las leyes establecidas, estos funcionarios han hecho gala de su poderío  imponiendo a su libre albedrío a autoridades municipales pisoteando así la Constitución local y federal; como ejemplo basta mencionar  al ayuntamiento de Eloxochitlán compuesto por tres personas

De aquí las críticas y señalamientos que se vierten en torno a estas acciones corruptas en el sentido de que no se están haciendo bien las cosas, que las prácticas antidemocráticas están a la orden del día en este gobierno, contrarias a las propuesta del gobernante desde su arribo al gobierno del estado.

Para favorecer a incondicionales se han hecho componendas ilegales; estas situaciones no pueden continuar,  señor gobernador. Insisto que sus subalternos están abusando de su poder para favorecer a unos cuántos, cuando todo ciudadano tiene el derecho de ser escuchado y atendido conforme a derecho sin distingo alguno.

En el tema de Eloxochitlán se ha querido torcer la ley para favorecer a un ayuntamiento espurio, compuesto  por tres personas y, para que no se viera tan mal el asunto, el subsecretario de Fortalecimiento Municipal acreditó a uno más que fue nombrado por “dedazo” por el edil sin importarle que esto es competencia del Congreso del Estado.

Es lamentable escuchar de labios de los funcionarios de la Secretaría General de Gobierno cuando dicen que el ciudadano Manuel Zepeda Cortés, edil anticonstitucional de Eloxochitlán, no respeta a los funcionarios, ni siquiera les toma las llamadas telefónicas; bien reza el adagio popular “Crea cuervos y te sacarán los ojos”; hicieron crecer al señor y ahora ellos mismos lo tienen en las alturas hasta donde llegó.

Es inconcebible que un edil quiera hacer de las suyas con la complacencia del gobierno estatal, nunca antes se había visto algo similar. Con el cinismo que lo caracteriza refiere que la reciente resolución del TEPJF no abona para la paz social, en vez de reconocer que a la fecha no ha podido integrar a la población por la forma despótica y arbitraria como viene desempeñando su cargo de “presidente”.

La ciudadanía de Eloxochitlán  pide a los funcionarios de la Secretaría General de Gobierno que tomen su papel de gobierno sin simulaciones, hagan valer las leyes de la Constitución local y federal, y al mismo tiempo expliquen al edil de Eloxochitlán que nadie puede estar por encima de la ley.

Hasta esta fecha el edil se ha ensañado con sus adversarios políticos valiéndose del poder municipal y de los recursos financieros para fabricarles  delitos y poder encarcelar a los que no comulgan con sus ideas; hay que terminar con estas olas de acciones represivas de alguien que no entiende el verdadero papel de una autoridad municipal emanado de los Usos y Costumbres.

Aquí entra la parte que le corresponde el gobierno del estado, conciliar los intereses legítimos de la colectividad a fin de evitar que el encono social siga creciendo y pueda reventar con grandes consecuencias que nadie quiere ni espera; para evitar más acciones negativas y práctica de la ley del más fuerte;  por eso están las normas jurídicas que nos rigen como oaxaqueños y mexicanos.

Desde que Manuel Zepeda Cortés fue acreditado como edil a pesar de no tener la mayoría de los concejales, inició una feroz persecución en contra de sus adversarios, estos jamás cayeron en el juego, siempre buscaron el cobijo de la justicia; cuando vieron que en el estado de Oaxaca se torció la ley acudieron a la federación.

Hay que reconocer que no todos los ministerios públicos, jueces y magistrados están cortados con la misma tijera; hay excepciones, profesionales en la materia que han hecho muy buen papel para hacer valer la ley; pero hay quienes actúan bajo consignas políticas, esto es lo peligroso porque se pone entredicho una ley que debe imperar para la sana armonía entre los oaxaqueños.

Nada está perdido todavía; queda un buen trecho para que las personas en que confió el gobernador de hacerlos funcionarios, se olviden de sus compromisos personales y actúen con rectitud por el bien de todas y todos los oaxaqueños.

Una de las cosas que más daño ha hecho a los pueblos y ciudades es el doble lenguaje que utilizan los que nos gobiernan; esto es como una epidemia porque les pega fácilmente a las autoridades municipales y se vuelven engreídas, vanidosas, prepotentes y manejan los recursos financieros a su antojo beneficiando a familiares e incondicionales y, lo peor, es que se vuelven cínicos y mentirosos como Manuel Zepeda Cortés.

Esta persona, valiéndose de su cargo, se ha dedicado a calumniar y a  etiquetar a sus adversarios políticos como delincuentes. En días pasados envió un informe donde señala que los cuatro regidores no acataron la resolución del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) al no presentarse a tomar protesta, cuando él mismo incitó a sus seguidores a tomar el palacio municipal  para impedir el acceso a los regidores que tomarían protesta.

El gobierno del estado a través de su Secretario General de Gobierno, sabe exactamente el papel que juega el edil en el divisionismo que vive Eloxochitlán; lo que no se sabe a ciencia cierta es por qué tanta complacencia o quiénes son los que se empeñan en dejar en mal al gobernador para que no se actúe conforme a las leyes que nos rigen y evitar que alguien pretenda vivir en la anarquía a la sombra del poder municipal y de padrinos políticos.

Ojalá que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación imponga un correctivo ejemplar a este ciudadano, hoy supuesto edil, con la pena máxima de revocación de mandato o desaparición de poderes en el municipio  de Eloxochitlán de Flores Magón como una muestra de que en el país y, particularmente en Oaxaca, ninguna autoridad puede burlar la ley por capricho o por intereses personales o de grupo.