Majo Gularte, amazona que galopa en dos ruedas

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* Guerrera de la tierra y el aire, Majo Gularte atraviesa 3 países en una moto Honda XR125L en cuyas ruedas busca cumplir otro gran sueño: aprender a volar Ala Delta.

Guerrera de la tierra y el aire, Majo Gularte, María José -para su familia en Guatemala-, atraviesa el país a sol y a sombra desde el pasado 22 de febrero sobre otra Amazona, una moto Honda XR125L en cuyas ruedas busca llegar hasta Estados Unidos para cumplir otro gran sueño: aprender a volar Ala Delta.

Nacida en la capital guatemalteca, Majo Gularte cuenta 31 años de edad y un título como arquitecta que si bien ejerció durante algunos años en su ciudad, no fue suficiente para sostener los sueños de libertad que la llevaron en un primer momento a aprender a volar Ala Delta, un sistema para planear y volar sin motor.

“Es como si fueras un pájaro de verdad”, dice con los ojos bien abiertos mientras su sonrisa irrumpe con vigor entre los colores ocre de la tarde.

En ese deseo de volar como un ave, Majo inicia su entrenamiento como voladora de Ala Delta, lo que la lleva a mediados de 2012 a sufrir un accidente en el que se fractura ambos brazos y la mantiene en recuperación durante ocho meses.

Paralizada de ambos brazos durante cuatro meses, pero con el ánimo de volar intacto, Majo decide subir el video de su aparente fracaso a una página de voladores expertos a fin de recibir comentarios y consejos.

“Justamente recibí un montón de respuestas, de gente que me invitaba a enseñarme a volar. Dentro de ellos, Rudy (Gotes), el mejor piloto de México, (que radica) en Valle de Bravo, también de Dustin Martin y de Jonny Durand, el mejor del mundo que me invitaba a Estados Unidos a aprender a volar Ala Delta”, recuerda.

Decidida a aprender, Majo gesta en su mente otro gran sueño: recorrer el mundo en moto, una afición descubierta en 2013 de la mano de un motociclista canadiense, quien además de arrancarle los suspiros, le mostró el espíritu de libertad que se respira en la carretera.

“Entonces pensé que si lo que quería era irme a viajar en moto, pues ¿por qué no irme a aprender a volar a Estados Unidos en moto?”, señala.

A la decisión de un minuto, le precedieron cinco meses más para afinar los detalles de su viaje, entre cursos de manejo para mejorar su técnica y de mecánica, así como el acopio de los recursos económicos necesarios para su viaje que iniciaría en Guatemala, atravesaría México y culminaría en Miami, Estados Unidos.

Durante ese trayecto, la joven guatemalteca comienza a relacionarse con expertos motociclistas y personas que comienzan a simpatizar con su causa a tal punto que hacen posible reunir la cantidad económica suficiente para realizar su travesía.

Sumado a ello, una solidaria red de voladores ha tendido la trama para ofrecerle albergue en el mayor número de poblados posibles y aminorar sus gastos, en tanto que las experiencias de bondad de los mexicanos, le han salido al paso en más de una ocasión.

“El día que me venía amanecí con cargo de conciencia porque pensaba que había tanta gente necesitada y a mi me estaban regalando el dinero para viajar en moto e irme a aprender a volar Ala Delta, sentí que no lo merecía.

“Pero ese día hablé con un amigo y me dijo que la vida no era de merecer o no merecer sino de dar y recibir: ‘ahorita estás recibiendo y después te tocará dar’, me dijo”.

Fue así como el 22 de febrero pasado, María José Gularte y la Amazona, su moto, emprenden su viaje hacia Estados Unidos con un plan de viaje que contempla un promedio de 5 a 6 horas de manejo, 250 kilómetros de recorrido por día a una velocidad crucero de 80 a 90 kilómetros por hora.

La Amazona, aunque diseñada para otro tipo de uso, fue elegida por Gularte por su fama de resistencia y de uso en todo tipo de terreno, como los que piensa rodar.

Aunque al pasar por tierras oaxaqueñas, apenas contaba cinco días de viaje, las experiencias se sumaban a borbotones gracias a la bondad que la conmovieron en más de una ocasión, como el caso de una humilde familia del municipio de Jalapa del Marqués, quienes luego de conocerla fortuitamente, la acogen en su casa para que ésta no acampe sola junta a la gasolinera del lugar.

“A veces vengo manejando y gritando dentro del casco que sí está pasando, que esto está pasando, porque a veces parece un sueño”, dice con entusiasmo.

A pesar de los riesgos latentes que implica un viaje tan largo, la joven motociclista asegura no centrar su atención en ello, dado que “riesgos corremos todos, hasta en la puerta de nuestra casa, y si permito que el miedo me paralice, nada extraordinario va a suceder en mi vida”.

“Yo era como cualquier chica en mi ciudad, con una relación que medianamente funcionaba. Esperaba casarme y tener hijos, como dice la sociedad, pero no era feliz. Siempre pensé que había algo más hasta que un día me di cuenta que si quería que algo pasara en mi vida, tenía que hacer que ocurriera.

“Los cuentos de hadas no existen, esas cosas mágicas que uno espera de niña que alguien llegue con una varita mágica y haga realidad un sueño, no pasan. Yo no podía esperar a alguien más que viniera por mi y me llevara en moto, así que tenía que buscar las oportunidades, conseguirlas; era yo la que tenía que salir a buscarlas.

“No importa que nos digan que por ser mujeres somos débiles; que es más peligroso para una mujer, no, es igual. Me gustaría que las mujeres vieran que somos capaces de seguir nuestros sueños, sean los que sean”, defiende con vehemencia.

Para el 3 de marzo, la aprendiza de Ala Delta tocaba los cuernos de la luna en Valle de Bravo, al lado de sus pilotos favoritos, en tanto que la bitácora de vuelo, contempla también un paso por Houston, donde “amigos de amigos” la invitaron a realizar un salto tándem antes de concluir su viaje el 22 de marzo en Miami, donde expertos voladores le ayudarán a perfeccionar su técnica.

Es así como María José Gularte, guatemalteca de origen, arquitecta de profesión y libertaria por decisión, sigue su viaje segura de su filosofía: “Hay que vencer esos miedos y saltar al vacío, así como si fueras a volar”.