El mundo padece un ‘dolor crónico’

Por Erick Daniel Cruz Mendoza

Los actos de terrorismo ocurridos recientemente en Francia son sólo la punta del iceberg del estado de salud de las sociedades del mundo. Esta serie de ataques entre naciones son el esplendor de acontecimientos terribles que la humanidad ha cosechado.

Los sistemas sociales viven una etapa de dolor crónico que se caracteriza por la irritación y frustración de los ciudadanos. Se sabe que el dolor es la materialización de los daños psicológicos y sociales que se gestan en el cuerpo, por eso es necesario remediar la enfermedad si no queremos mayores desastres.

Existen diversos síntomas mediante los cuales se puede desarrollar el dolor crónico. Ejemplo de ello son el trastorno bipolar y los actos de suicidio. La situación bipolar actual puede explicarse por la división del mundo en tiempos de la Guerra Fría, cuando el orbe se partió en dos polos. Esta acción logró la separación y confrontación de ideales entre países y dentro de un país, como en caso de Alemania. Estos actos divisorios tienen repercusiones en nuestros días, pues aunque el capitalismo apunta hacia la supremacía mundial, el comunismo espera en su trinchera como opción al fracaso del primero.

Un caso para ilustrar los actos de suicidio se dio con la crisis europea del 2008, el diario El Mundo presentó una noticia en 2014 en donde se exponía una investigación de  British Journal of Psychiatry que informaba que la crisis económica era responsable de 10 mil suicidios. Estas cifras llaman la atención, pues también se mencionó que “las grandes crisis económicas pueden empeorar la salud mental y, potencialmente, conducir al suicidio”.

Una de las cuestiones preocupantes de esta cadena de asuntos es que, al igual que el dolor crónico, si no se le pone un fin ahora, su duración puede ser ilimitada. Estoy seguro de que como sociedades del Siglo XXI, promotoras de la democracia y los valores universales, tenemos que enunciar conciencia sobre los actos de terrorismo que nos suscitan. Si logramos formar entidades plurales en donde se respeta a los otros, acabaremos con lo que Lipovetsky llama el hiperterrorismo. En una entrevista publicada en el periódico mexicano El Universal, el sociólogo francés expresó que “los ataques terroristas en París confirman que el hiperindividualismo de la sociedad desorientó a los jóvenes, quienes ya no adoptan las culturas y costumbres de padres y abuelos”.

El también filósofo agregó que para enfrentar estos actos “debe haber una política firme, pero, hay límites porque estamos en sociedades democráticas, por lo que todas estas prácticas tendrán que ser reguladas por leyes y normas […] esperamos de nuestros Estados que tengan eficiencia en materia se seguridad”.

Para aliviar el dolor crónico se necesita llevar un tratamiento multidisciplinario que cure los síntomas que causan la enfermedad. Remediar nuestro padecimiento como sociedad también necesita un tratamiento de este tipo, pues requerimos mejorar a la par de nuestras instituciones globales. Es pues, el momento idóneo para llevar a las escuelas, la política y la familia, los absolutos de la democracia, respeto y libertad que tanta falta hacen a nuestros sistemas sociales.