En nombre de Dios

Por Diana Laura Juárez Vázquez

El pasado 13 de noviembre, Francia sufrió una serie de atentados en diferentes puntos del país, donde perdieron la vida 132 personas; hechos que se le atribuyeron al Estado Islámico. Un testigo que se encontraba en el Bataclan declaró en una entrevista realizada por la emisora “France Info” que uno de los atacantes mientras disparaba gritaba “Alahu Akbar” (Alá es el más grande).

Tal parece que estos ataques terroristas lejos de ser conflictos de diplomacia, van manchados con la palabra de Dios. La creencia de un ser supremo siempre irá acompañada de fe entrañable, y en nombre de él se han cometido diferentes actos bélicos que han terminado con la vida de seres humanos.

Ahora bien, se llama “fe” al conocimiento y aceptación de la verdad revelada por Dios. Miguel Laufer, en un estudio realizado por la Asociación de Interciencia sobre la verdad y la ciencia, menciona que la propiedad de que algo sea verdadero es más un asunto de creencias, un acto de fe, por ello no existe una verdad objetiva, los seres humanos necesitamos asentar nuestras creencias en algo, por lo que la verdad siempre será subjetiva y nuestros actos siempre irán acompañados de esa verdad. Por ello, cualquier religión y creencia no posee una verdad absoluta y objetiva.

Desde las primeras civilizaciones la humanidad ha depositado sus creencias en una divinidad, o varias, acompañadas de ritos que refuerzan esta fe. Hablando a nivel sociocultural, la creencia religiosa se ha impregnado a los pueblos desde la más remota antigüedad y, sólo desde ella, el hombre le ha dado sentido a su existencia, pues es la fe lo que da credibilidad a sus ideologías.

Pero la creencia en Dios, ha llevado a los humanos a cometer barbaries. Un ejemplo de ello fueron las llamadas “Guerras de Religión” o “Las Cruzadas”, conflictos bélicos llevados a cabo entre los siglos XI hasta el XIII por los cristianos de Europa y los ejércitos musulmanes del Asia menor y Mediterráneo oriental impulsados por la fe de su Dios. Estas cruzadas por una parte fueron lideradas por el papado romano con el fin de recuperar el lugar donde nació Jesucristo, Tierra Santa, ubicada en Jerusalén; sin embargo, para los musulmanes este lugar también representa uno de los lugares más sagrados de la religión islámica, por ser considerado el lugar desde el cual Mahoma; el fundador de la fe musulmana ascendió al cielo.

No obstante, también hay crimenes y asesinatos entre los fieles de una misma religión, tal es el caso de la religión islámica ¿La causa? La disyuntiva que existe en la creencia, los Yihadistas son los integrantes de las ramas consideradas más violentas y radicales del islamismo, defensores de la Yihad, la cual se refiere a la obligación religiosa de los musulmanes y busca regresar a los orígenes del islam, con el fin de cumplir su objetivo han entrado en conflicto con los Chiitas -comunidad islámica con mayor presencia en Iraq-, los Sunitas -otra de las ramas musulmanas- y los Alauitas –quienes han sido parte del chiismo pero tienen una visión particular de los fundamentos del islam, por lo que muchos musulmanes los consideran herejes-. Estas diferencias religiosas han creado grupos terroristas como Al Qaeda e ISIS que han estado en conflicto y como consecuencia han originado la guerra en países como Iraq y Siria.

Como seres humanos, es imposible que no podamos depositar nuestra fe en algo o en alguien, lo que no justificamos es que estos actos bélicos sean adjudicados a un ser supremo como un acto de fe, en el cual personas que no comparten las mismas creencias e intereses de un grupo religioso, pierden la vida. Instituciones supranacionales como la ONU, mediante la diplomacia impiden que en los países donde existen conflictos se violen las garantías individuales de las personas, brindan protección a los afectados, evitan a toda costa muertes innecesarias y ,sobre todo, buscan suprimir la guerra.