La euforia generada por “Star Wars” cobra fuerza

Por Erick de Jesús

Uno de los fenómenos culturales más importantes de los últimos tiempos es sin duda “Star Wars”, esta saga cinematográfica fue el primer acercamiento de las masas con los filmes de ciencia ficción y se convirtió en uno de los productos sociales que ha sido analizado desde diversas perspectivas que van desde el feminismo hasta la filosofía oriental y el capitalismo.

Hasta el día de hoy, los seis episodios que han visto la luz, recaudaron más de 4 mil millones de dólares, sin contar las regalías obtenidas por las ventas de los DVD y por los productos derivados de la saga (música, figuras de acción, ropa, etc.).

Pero no fueron los efectos especiales y la peculiaridad de los personajes lo que realmente llamó la atención de esta historia, al menos no tanto como la ideología y la construcción de la psicología de los personajes, cosa que dio pie a innumerables ensayos comparándola incluso con muchas religiones, entre ellas el cristianismo y el budismo.

George Lucas, creador de “Star Wars”, admitió que tuvo influencias de otras historias, culturas e ideologías para crear su saga, tales como la película “La fortaleza escondida” de Akira Kurosawa, los trabajos sobre religión y mitología del escritor estadounidense Joseph Campbell y, específicamente, para el diseño del casco y la máscara de Darth Vader, se inspiró en el Japón feudal.

Por otra parte, el planteamiento de “La Fuerza”, esa energía proveniente de los seres vivos de la naturaleza, tiene tintes taoístas. El “tao” es definido como la causa sin causa, principio y fin de todo lo manifestado, presente en todas las religiones y filosofías trascendentales. Un rasgo de esto también se encuentra dentro de la corriente filosófica cristiana denominada “naturalismo contemplativo religioso” que se basaba en la idea del panteísmo que dicta que “Dios es todas las cosas y todas las cosas son Dios”.

Un personaje entrañable en la saga es el maestro Yoda, quien le transmite las enseñanzas “Jedi” a Luke Skywalker, enseñanzas que se asemejan a los predicamentos de la religión budista, lo anterior fue descrito por Julien R. Fielding, experta en estudios religiosos, “como vivir siempre ‘en el presente’ y ser controlado, paciente, abnegado, equilibrado y compasivo”.

Otro de las perspectivas que ha causado polémica es la comparación que se hace de “El Imperio” con las grandes empresas de los Estados Unidos de América, mismas que son vistas como las impulsoras del capitalismo a nivel mundial, lo que resulta una paradoja ya al principio se vio a “Star Wars” como una crítica a este sistema económico y con el paso de los años se convirtió en parte de él.

En los tres primeros episodios de la saga, “El Imperio” se relacionaba con el mal porque destruía el alma de los individuos y el bien era representado por las acciones individuales de Luke, la princesa Leia y Han Solo, asociados con la rebeldía que conducen a la liberación. En esta parte resalta el papel de la princesa Leia que fue considerada por muchos años como ícono de feminismo, al ser representada como una mujer valiente, audaz y capaz de llevar a cabo las mismas acciones que los hombres en la trama.

La euforia por la saga, es atemporal, pero parece que ha tomado fuerza últimamente ante el próximo estreno del Episodio VII: “El despertar de la fuerza”, uno de los filmes más esperados. Los adelantos de la película vislumbran una imagen muy similar a los primeros tres episodios en donde se verá la lucha de uno de los personajes que será llevado al “lado oscuro”, tal como sucedió en con Anakin Skywalker o Darth Vader.

Es tanto el fanatismo que la saga puede generar, que los boletos para el estreno de “El despertar de la fuerza” ya están agotados en algunos países y en Estados Unidos un fanático compró todos los boletos de una sala de cine para ver él solo el estreno de tan aclamado filme.

“Star Wars” recientemente fue comprado por Disney, y aunque hubo muchas críticas de los fans ante el hecho, la saga es y seguirá siendo redituable por varios años más. Lo que la lleva a colocarse como el producto cultural más visto y más rentable de los últimos años.