Sin Gafete

Isabel Arvide / El Sol de México

  • La lección de Alejandro Murat

Manlio Fabio Beltrones, chucha cuerera de la política ha tenido la habilidad de permitir que el primer priísta del país “escoja” a los candidatos a gobernadores de entre aquellos que garantizan el éxito compartido. Entre los candidatos priístas que deberán convertirse en gobernadores este año, no hay compadre o cuate del sonorense, y sí todos se la “deben” en el más antiguo estilo, a sabiendas de quién hizo la palomeada final.

Es un juego más que interesante que resume los mejores tiempos del PRI frente a una forma en que Peña intenta cambiar el rostro político del futuro. Porque el Primer Mandatario está buscando un cambio que va más allá de la edad, caminando hacía su propia sucesión, mensaje directo sobre el joven secretario de Educación, Nuño.

Cómo piensa manejar Beltrones este futuro, es harina de otro costal. Por lo pronto tiene candidatos que, salvo problemas graves, habrán de ganar y serán gente suya. Siendo, primaria y brutalmente, gente del Presidente.

Es el caso de Alejandro Murat, cuate de Peña Nieto desde mucho antes de su llegada al poder. Otro tanto sucede con Benito Neme que, además, es su compadre. A los dos los colocó en una posición menor dentro de su Gobierno, porque siempre han estado destinados a llegar al poder en sus entidades. Al tiempo con Tabasco.

A Murat lo definió para ganar Oaxaca desde antes de asumir la Presidencia. Y es que el chavito, para mí lo sigue siendo, tiene el perfil exacto del político que Peña Nieto reconoce en su propio espejo. Ayuda mucho la capacidad de entender la modernidad, pasando por las maestrías en el extranjero. Todas esas armas tecnológicas que tiene Alejandro.

Con el agregado de su tremendo conocimiento de la política y la traición humana. De lo que ha sabido salir adelante sin pelearse con el problema, como le gusta a Peña. Murat, como el Presidente, pudo dedicarse con holgura a ganar dinero, a hacer negocios, o incluso a un despacho exitoso. Prefirió la política por vocación, eso es algo que Peña valora mucho.

Alejandro no es su padre, pero aprendió política a su lado, vivió en su casa la complejidad de factores de poder que coinciden en Oaxaca. Sabe, pues, de qué lado masca la iguana. No es ningún ingenuo en política pero no se ha manchado las manos.

Murat, como Peña Nieto, aprendió la complejidad del poder al lado de viejos hábiles, mañosos incluso, y en su afán de ser diferente parte siempre de este conocimiento pero sin obviarlo. Digamos que entiende las trampas que le ponen y reconoce la traición.

En Oaxaca coinciden muchos grupos de poder. Uno de ellos, Ulises Ruiz, pasó de ser el mejor amigo de José Murat para convertirse en el peor enemigo. Su calidad moral, o la ausencia de, no está a discusión. Y esto lo sabe Peña Nieto aunque César Camacho le haya dado un espacio como candidato en Quintana Roo donde todo lo quiere manejar a golpe de mezcal.

Esta forma de hacer política quedó eliminada con el nombramiento de Murat.

El mensaje vale también para Diódoro Carrasco, instalado en el futurismo panista, o para todos los que quieren enredar todavía más el “queso de hebra” en esa entidad. Murat es un amigo del Presidente que, además, es hijo de otro Murat.

Es obvio que el golpeteo, inmenso, que recibió Alejandro antes de ser ungido, también ayudó. Imposible imaginar que Peña Nieto no fuera solidario.

Al joven candidato le van a poner, todavía, muchas piedras en el camino de la elección, pero su padre es el experto mayor en esto. Y es obvio que algo le habrá aprendido.

¿Qué podemos esperar de su Gobierno? Algo muy distinto, poco populista, eficiente, con opciones ingeniosas para combatir la miseria, a lo que hemos visto. Y Murat, el viejo Murat con toda su sabiduría se irá a vivir al extranjero. Por salud institucional.

Y, por si andan con curiosidad, este Murat se entiende mucho más fácil con Beltrones que el padre.

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