La ‘magia’ de los alebrijes que han traspasado fronteras

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Texto y fotos de Erick de Jesús Jiménez

Oaxaca, Oax.- En un mundo tan complejo y cambiante como en el que vivimos hoy en día, a pesar de lo que puedan decir o de lo que podamos ver, existe un espacio (algo más allá) en donde la realidad converge con los sueños, creando ‘magia’.

Cuenta la historia que, en 1936, existió en la Ciudad de México un hombre llamado Pedro Linares López, quien estando al borde de la muerte, se soñó en un bosque donde conoció a unos seres fantásticos que lo trajeron de regreso a la vida, fue en esa travesía que escuchó que les llamaban “alebrijes”.

Poco tiempo después, comenzó a tallar en madera a esos seres fantásticos que había tenido en su cabeza desde aquel suceso extraño.

Fue tanta la fama que alcanzaron los singulares y coloridos personajes de madera que, en 1990, el señor Linares fue galardonado con el Premio Nacional de Ciencias y Artes por su gran trayectoria artística y por su creación: los alebrijes.

Pero la ‘magia’ no sólo quedó en la Ciudad de México, en Oaxaca se esparció hasta cobrar gran relevancia y convertirse en uno de los elementos más importantes de la cultura de nuestro estado.

Pablo Jesús Franco Agüero

Pablo Jesús Franco Agüero

SAN ANTONIO ARRAZOLA, TIERRA DE ALEBRIJES

San Antonio Arrazola, es una población ubicada en el municipio de Santa Cruz Xoxocotlán, a escasos 30 minutos de la ciudad de Oaxaca de Juárez. En sus calles, unas con pavimento y otras aún de tierra, se encierran historias de vida dignas de conocer la luz del día.

Pablo Jesús Franco Agüero, es un joven de 30 años, con una habilidad impresionante para tallar figuras de madera. Él es un artesano reconocido a nivel nacional e internacional, que ha logrado llevar su arte a diversos lugares y colocar el nombre de México, y sobre todo Oaxaca, en las grandes marquesinas de las galerías en las que expone su obra.

Originario de Oaxaca y con una herencia familiar de artesanos de hoja de lata, Pablo comenzó a tallar figuras a la edad de ocho años. Su padre, el señor Jesús Franco, se dedicaba a la carpintería, fue ahí donde el pequeño comenzó a tallar madera, sus diseños eran planos y se usaban para las ornamentas de puertas, camas o algún otro mueble.

Aunque no tenía noción del futuro que le esperaba, Pablo comenzó a tallar figuras y a comercializarlas en diversas partes del estado, pero fue hasta los 17 años que empezó a crear figuras fantásticas, su material cambió de ser madera de pino a madera de copal, la cual -afirma- es un poco más manejable y fácil de moldear.

Tras conocer a su hoy esposa, la señora Nelly Ramírez, también se relacionó con su suegro Gerardo Ramírez y con Germán Ramírez, quienes lo instruyeron por más de un año; fue así como incursionó en el arte de la elaboración de los alebrijes.

Pero no sólo son seres imaginarios traídos a la realidad en madera inerte, para Pablo; un alebrije “representa la riqueza cultural y la excesiva creatividad de los artesanos del estado”, pues “nadie les da un molde para que hagan una figura, todo sale de la mente y del talento”.

Conoció a Nelly cuando iniciaba en el arte del tallado de madera, ella también es artesana. Su labor consiste en darle vida a las piezas a través del color y los diseños; se han acoplado tanto como pareja y se conocen tanto que cuando Pablo termina de tallar una pieza, ella ya sabe el diseño, los colores y el acabado que ésta tendrá.

Si bien es cierto que existen muchos talleres de alebrijes en Arrazola, cada uno es distinto y tiene mucho que ofrecerle al turismo local, nacional e internacional.

Un armadillo fue la primer figura que Pablo Jesús terminó. Para él esta pieza no tiene precio.

Un armadillo fue la primer figura que Pablo Jesús elaboró. Para él esta pieza no tiene precio.

LA MATERIA PRIMA

Un trozo de madera se va convirtiendo poco a poco en una figura especial, producto de la imaginación y de la destreza del artista. En este sentido, Pablo Jesús precisa que es necesario que la madera sea amable con el artesano y la madera ideal para esta labor es la del árbol de copal.

“El copal es mágico, más moldeable”, asegura Pablo mientras señala un tronco que en el momento le sirve como asiento, “la madera se consigue de manera sustentable, al comprarla contribuimos con cuotas para la reforestación”.

En un principio, se pensó que la explotación de la madera del copal sería un serio problema para el ecosistema oaxaqueño; sin embargo, los mismos artesanos han contribuido a contrarrestar los posibles efectos secundarios del uso excesivo de esta madera.

Pablo y su familia, la familia Franco Ramírez, ven a futuro y tienen pensado un proyecto de reforestación que podría estarse llevando a cabo en seis meses.

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TRASCENDENCIA DE SUS OBRAS DE ARTE

Pablo, busca siempre innovar con su obra, lo que le ha valido el respeto y la admiración de turistas locales, nacionales e internacionales.

“He conocido mucha gente desde que me dedico a esto, lo que nos ha abierto muchas puertas en México y en el mundo”, recita el artista de 30 años. Lo anterior, los ha llevado a presentar sus obras en el Centro de Negocios Internacionales de Monterrey, en el Cuatro Siglos Centro de Convenciones de Ciudad Juárez Chihuahua, en el Centro Cultural Refugio de Guadalajara y en el Parque Manzanares de Torreón Coahuila, así como en algunas galerías de Estados Unidos, Francia, Alemania y Colombia.

Mientras repasa en su memoria los recuerdos de sus visitas a otros estados de la República Mexicana, Pablo sonríe y dice: “cuando se está contacto con personas de otros lugares o del extranjero es maravilloso, se quedan sorprendidos con nuestras piezas”.

El arte de Pablo y su esposa son un punto de inflexión entre el pasado y el presente. En un principio, la joven pareja se encargaba de la elaboración de sus piezas (así fue por cinco años), pero al darse a conocer en el país y en el extranjero, obtuvieron más pedidos y el número de producción aumentó por lo que tuvieron que buscar colaboradores; así fue como el taller de la familia Franco Ramírez se convirtió en una fuente de empleo para más personas.

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EL VALOR DEL TRABAJO ARTESANAL

“Los artesanos trabajamos 24 horas, por eso el resultado o el producto es caro. El trabajo que implica varía de acuerdo al tamaño de la pieza. Una figura de tamaño normal lleva dos días de tallado, una o dos semanas de secado a la intemperie y tres o cuatro días para pintarla”, cuenta Pablo. Lo anterior supone que el precio de un alebrije podría ser elevado, pero la gente lo paga pues valora el trabajo artesanal.

En el proceso de elaboración de una pieza intervienen una o dos personas, el escultor y la pintora, pero en ocasiones el escultor es quien le da color a su creación.

Los precios de las figuras son variables, oscilan desde los 400 pesos a los 30 mil pesos, aunque le han pedido piezas más grandes y con más valor.

El artista comenta que la vida lo sorprendió porque de pequeño nadie le dijo (e incluso nunca imaginó) que se dedicaría al arte y llegaría a ser reconocido a nivel internacional. Comenta que llegó un momento en el que tuvo que elegir entre ejercer su carrera de pedagogo o dedicarse al arte, fue el arte lo que cambió su vida, pues desde que comenzó a tallar sólo ha obtenido satisfacciones y bendiciones.

“Tengo varios proyectos, entre ellos seguir exponiendo mis figuras en México y el mundo, por ahora tenemos una agenda apretada”, dice mientras observa las piezas que se exhiben en los aparadores a un lado de su taller.

Cuando vayas a San Antonio Arrazola, no te olvides de vivir la experiencia de ver de cerca el proceso de trabajo de sus artesanos.

A unos pasos del templo de la comunidad, se encuentra “Familia Franco Ramírez, taller y galería”, un lugar en donde la cultura, el talento y la magia convergen y se manifiestan en forma de piezas hermosas llamadas: alebrijes.

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