Evocando a Rubén Vasconcelos Beltrán

(DOBLAJE ESTENOGRAFICO DE UNA NARRACION)

Por Evelio Bautista Torres

Profesor en la Facultad de Derecho

Después de oír la sentida remembranza que hizo de su destacado padre a un año de su partida la Psicóloga Silvia María Vasconcelos Méndez y otras alocuciones, ante la sugerencia y venia de ustedes me limitaré a exponer coloquialmente algunos relatos anecdóticos probablemente fuera de contexto que me vincularon a nuestro personaje desde. . . el siglo XX.

Empiezo: El 18 de diciembre de 1953, previa convocatoria del Lic. Ignacio Castro Mantecón, último director del Ilustre Instituto Autónomo de Ciencias y Artes, con nuestros padres, tutores o “responsables” acudimos a inscribirnos, como alumnos del 1er. año de Bachillerato en Ciencias y Humanidades. (Carrera de la Cultura General le llamó acertadamente el Maestro Fernando Gómez Sandoval) que en esa era se cursaba en seis años. El exponente había egresado apenas de la Escuela Primaria Juan Jacobo Rousseau, (“La anexa”) por su dependencia de la Histórica Normal del Estado.

La cita se fijó a las 7 horas pero con mi diligente papá arribé frente al majestuoso Edificio Central a las “5 de la madrugada” y, sorpresivamente nos encontramos con una ya iniciada fila, hilera o “cola” encabezada nada menos que por Francisco Toledo, seguido de César Mayoral Figueroa y luego Rubén Vasconcelos Beltrán. Lo peculiar: antes que yo se formaban quienes con el tiempo se convertirían en celebridades: Un artista que es hoy el oaxaqueño vivo más universal de la época y dos gobernadores; aclaro, rectores notables ya que es sabido que en nuestra entidad y otras, la rectoría universitaria es el único cargo equiparable a la gubernatura. Yo, por añadidura aunque competí resulté un “fallido” aspirante a tan privilegiado sitial académico. Frisábamos entonces entre los 13 a 14 años. Pues habíamos nacido en “los 40”.

Sigo: Como alumnos de la clase de francés en el 4º. de Preparatoria, más o menos por éstas fechas, a mediados de julio de 1957 temerosos ingresamos al aula para el examen semestral al que nos sujetaría nuestra catedrática, la bella parisina Marie Gashier quien a pesar de muchos ruegos se negó a postergar la prueba. Era un viernes y ya a punto de iniciarla oímos azorados: muchachos, que hacen acá, vamos todos al sanatorio Canseco Landero en donde acaban de operar a Rubén Vasconcelos!. El suceso y el grito prorrumpido por la hoy notaria Martha Pazos fue nuestra “salvación” pues, la maestra se limitó a expresar “largo holgazanes, el lunes si serán examinados así haya 10 en el hospital, largo”. Y efectivamente pocos minutos más tarde vimos yacente a Rubén y hasta “sonamos” las piedras que le extrajeron de la vesícula.

Continúo: en 1960 ingresamos a nuestras respectivas facultades, yo a la de Leyes. Permítanme citar hasta donde la memoria me ayuda a mis compañeros iniciales: Perla Rojas Narvaez, Enma Serena Flores, Josefina Méndez León, Martha Beatriz Cruz Martínez, Gloria Villareal Valderrama, Alfonso Díaz Aldeco, Abel García Ramírez, Héctor Hernández Santiago, Roberto Ch. Cruz Martínez, Aurelio Pérez Gómez, Jorge Martínez Gracida, Ericel Gómez Nucamendi, Gerardo Aldeco Reyes, Lázaro Cruz Martínez, Francisco Ángel Maldonado, Marcelo Olivares y Germán Villavicencio.

Persisto: Nuestro añorado compañero Rubén eligió la recién instaurada rama educativa-comercial de Administración de Empresas. Y como estudiante junto a Javier Cervantes Bravo e Israel Vargas Varela regresaban de un curso práctico en una empacadora de Salina Cruz y, en el paraje de “nueve puntas”, aledaño a Tlacolula volcó el vehículo que los transportaba, falleciendo “el biche Varela”. Supimos que Vasconcelos y Cervantes recobraron una precaria salud tras 4 meses de hospitalización en el DF.

Pero como ribete y cuando Rubén residió en San Paulo Brasil como estudiante de un posgrado, cayó accidentalmente a un precipicio de 7 metros de cavidad, dislocándose “la caja toráxica” según dictamen después de 3 meses de rehabilitación.

Prosigo: varios años después y ya fincada su familia, Rubén confrontó otros descalabros: una grave afección padecida por su hijita Mónica quien postrada por un par de años afortunadamente sobrevivió, la profunda dolencia porque su esposa Silvia Georgina desde temprana edad “duerme viva”, enseguida el deceso de su señora madre y lo peor, el súbito desenlace de su hijo Darío, prominente abogado. Solo un organismo sui géneris pudo soportar tantos percances, a las que se sumó recientemente en 2015 otro fatídico accidente que le produjo una modalidad de traqueotomía, según pronósticos periciales.

Todas éstas adversidades nos recuerdan el título de un antiguo film italiano, “demasiado para un hombre”. Y Rubén, un roble al fin se desplomó casi repentinamente el 29 de junio, hace 12 meses.

Hasta acá lo que me propuse expresarles ya que otros han hablado y escrito de las abundantes glorias de Rubén. En múltiples puestos públicos que desempeñó airosamente: Adosapaco hoy Sapao, Secretaría de Cultura y Recreación, integrante de la Cámara local de diputados, hasta el más elevado, la Rectoría Universitaria. Nuestra ciudad debió ser gobernada por Vasconcelos y experimentado así su renacimiento, mas fue su cronista natural. Pero sobre todo se doctoró en la Suprema Magistratura como padre de familia, según la bella frase de Ocampo.

Cabe agregar por cierto y para desvanecer prejuicios que durante su mandato en la Universidad de la nación Oaxaqueña, se suscitó el advenimiento del sindicalismo. Delegados de la UNAM y de la Universidad Autónoma de Puebla lo entrevistaron emplazándolo para el tratamiento del asunto. Rubén mismo explicó oportunamente que los comisionados como sus asesores legales para abordar tal caso, los juristas José María Yañez Pérez (Iusfilosofo), Alfredo Castillo Gómez (Civilista), Pedro Yescas Peralta (Constitucionalista y Politólogo) y Adrián Méndez Pérez (Administrativista) expusieron en veredicto unánime que el establecimiento del sindicalismo al seno de la Universidad era inminente e insoslayable. Así que lo pernicioso en su caso, no lo es el Derecho Sindical per se sino su ejercicio abusivo.

Separatta: a éste propósito, en una especie de “visita guiada” hace pocos días acá en Oaxaca, el ex-rector de la Universidad Autónoma de Puebla José Doger Corte tras auto asignarse como una variante de “reconstructor” de ese famoso Centro de Estudios, suspicazmente vino a recomendar que en la UABJO se abrogue o al menos derogue el democrático y perfectible método de elección de Rector por vía del voto universal directo y secreto y se le remplace por el “ponderado” o elitista que a ellos les ha sido impuesto por considerársele una especie de panacea. Discrepamos cortésmente de esa propuesta simplista y, en tanto se discuta con amplitud aclaramos que: por datos fidedignos sabemos que el real promotor de ese avance académico lo fue el astrónomo, filósofo e ingeniero Luis Rivera Terrazas quien al frente de la rectoría de la UAP (hoy BUAP pues se la ha agregado el adjetivo de benemérita); por los años 70-85 sorteó conflictos aciagos y ominosos contra el gobierno estatal y el llamado clero político poblano.

Además la usanza de ponderación ocasiona designaciones, no elecciones (ej. UNAM) y hasta vicios como el nepotismo pues Vrgr. los Doger Corte; primero José y enseguida Jorge, perspicaces funcionarios sin lugar a dudas, conformaron por espacio de 16 años! Al ser sucesivamente reelectos una especie de dinastía, la que al final resultó tan nociva que con el seguro respaldo del recordado Manuel Bartlet que los transformó de socialistas a priistas pasados los años Jorge Doger no logró ni la candidatura por la presidencia municipal de la denominada “Angelópolis” ! Así que por el momento y sobre éste tópico acá la dejamos no sin desconocer, que el organigrama y legislación de la UABJO demanda reformas complementarias incluso referentes a la depuración del aspecto electoral, el combate al ausentismo profesoral en algunos de sus campus y otros flagelos pero a través de procedimientos deliberativos y no mecanismos de recetario o extravíos.

Ah, pero para cerrar estas frases reminiscentes, reparemos que Rubén Vasconcelos, no obstante las tribulaciones relatadas operó siempre como una figura entusiasta, laborioso, afable, ponderado, tolerante y generoso en grado extremo. De ahí la estimación y el respeto generalizado que produjo. Si su profesión escolar fue la administración de empresas, éstas fueron de naturaleza cultural y cívica y no de bajos motivos mercantiles. Nuestra evidentes discrepancias ideológico-políticas o por confesiones mítico-religiosas pasaron a último término.

Y acá termino: como empecé: Sin poseer la genialidad de Toledo ni la Erudición de César Mayoral captaste la sapiencia suficiente para infundir admiración, aprecio y brindar servicio y amistad. En este ambiente doméstico. En la casa que edificaste con jardines, espacio deportivo y los juegos mecánicos que diseñaste e hiciste construir a “Vulcano” para el esparcimiento en la infancia de tus hijos; Amigo Rubén (como te llamaba) todos te recordamos y, El Compa Éve (como me llamabas) te saluda.

Viernes 21 de Julio del 2017.