Se despide “Árboles que florecen: pueblos silentes en la Guelaguetza”

Fotogalería de Ivet Mendoza

Oaxaca, Oax.- Este fin de semana se despidió “Árboles que florecen: pueblos silentes en la Guelaguetza”, una exposición de prendas en el Centro Cultural San Pablo, organizado por el Museo Textil de Oaxaca (MTO).

Desde que se celebró en 1932 el “Homenaje Racial” en conmemoración del IV Centenario del nombramiento de Oaxaca de Juárez a la categoría de ciudad, la fiesta de los Lunes del Cerro siempre se ha presentado como la expresión máxima de la cultura material e intangible de las diferentes regiones políticas del estado. Sin embargo, detrás del espectáculo del extravagante baile Flor de Piña de la región de la Chinantla y del esplendor de los trajes istmeños reside una diversidad en los textiles de Oaxaca que ha tenido poca o nula presencia en la festividad principal de los oaxaqueños.

Estos vacíos han impulsado a muchas comunidades a organizarse para ser evaluadas por el nombrado “Comité de autenticidad” de la Guelaguetza y con los años, algunas comunidades han logrado asegurar una presencia propia en el evento, mientras que otras sólo han alcanzado algunas cuantas presentaciones, si tienen suerte.

La reacción de las demás comunidades que han quedado en el vacío ha sido sumamente diversa: rechazo, apatía, apropiación, reclamo e imitación.

A pesar de las críticas hechas sobre la Guelaguetza que surgen cada año y que provienen de todos los sectores sociales, en muchas comunidades el interés de participar o no participar en ese evento ha servido para repensar actitudes locales en relación con su herencia textil, ya sea que ésta se encuentre viva o muerta. Existen varias comunidades que han intentado revalorar su traje tradicional, otras han inventado nuevas expresiones culturales y algunas más se han apropiado de trajes y de bailes que no provienen de sus tradiciones.

Un ejemplo es el huipil de San Agustín Loxicha, que se dejó de tejer alrededor de la década de 1950. Como una comunidad con la fama de ser conflictiva y violenta, pero que también conserva una considerable riqueza cultural en sus tradiciones mesoamericanas.

Otro ejemplo es el traje de Santiago Choapan. Considerada la comunidad indígena con uno de los huipiles más extraordinarios de México por Dorothy y Donald Cordry, notables investigadores de los textiles de México. Choapan, en 1964 y 1965, estaba a punto de perder por completo la producción y uso de su vestimenta local. Los huipiles “de labor” de Choapan, son, en nuestra opinión, los textiles etnográficos más complejos de Mesoamérica en términos de las técnicas de manufactura. Tejer cada lienzo requería varios meses de trabajo, pues la trama debía manipularse en una secuencia laboriosa de varios pasos para crear las figuras. Los huipiles labrados eran atesorados como ropa de gala. Desafortunadamente dejaron de producirse a mediados del siglo pasado.

El Museo Textil de Oaxaca presentó durante un par de meses la exposición Árboles que florecen, en el Centro Cultural San Pablo, éstos y otros ejemplos que muestran la diversidad del impacto que ha tenido la Guelaguetza en el contexto local, así como diferentes posicionamientos identitarios que han tomado comunidades hacia el exterior vía la fiesta urbana de Oaxaca por excelencia.