Homenaje a Octavio Paz con lectura de sus poemas

Vía Santa Cultura

Ciudad de México, Méx.- A 20 años de su fallecimiento, este fin de semana se rindió homenaje al poeta, ensayista y diplomático mexicano Octavio Paz (Ciudad de México, 1914- 1998) Premio Nobel de Literatura 1990, con la lectura de algunos de sus poemas, en voz de escritores y poetas.

 

En la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes, Fabienne Bradu, Pura López Colomé, Eduardo Matos Moctezuma, Sergio Mondragón, Alberto Ruy Sánchez y Ricardo Yánez externaron palabras de elogio a la obra de una de las figuras intelectuales más importantes del siglo XX mexicano, recordaron anécdotas y leyeron algunos de sus poemas favoritos.

 

Pura López Colomé eligió cuatro poemas relacionados de manera directa con “el decir mayúsculo, la cifra de la poesía donde se unen los contrarios, donde se reconcilian los opuestos”.

 

Señaló que Octavio Paz decía que “el verdadero tema de la poesía, aunque siempre secreto y nunca explícito, es la poesía misma”, por lo que “cada vez que entro a sus ensayos me está hablando con una verdad absoluta. Digamos, nos consuela a todos los poetas, nos consuela esta vida”.

 

La poeta dijo que nunca fue su amiga “ni siquiera lo traté. El entró a mí por medio de su literatura y sobre todo de su poesía. Cada vez lo ido conociendo más a lo largo de la vida”.

 

Sobre Viento entero reflexionó. “este viento es el presente perfecto, ese instante, en estribillo repetitivo dentro del poema, en que se reúnen los porqués, el sentido de todo. Paz lo logra entrecruzando magistralmente distintos planos: el histórico, el erótico, el poético, colocándonos ante la inmovilidad como centro de une estanque de círculos en constante movimiento”.

 

En el espacio de un poema corto “se las ingenia para hacernos espectadores de una imagen familiar, un torbellino, formado por el polvo expresivo, a la vez concreto y abstracto: lo que decimos y lo que omitimos, espejo uno del otro”.

 

Al hacer uso de la palabra el arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma, comentó que no era literato, “soy un simple arqueólogo, un simple buscador del tiempo perdido”.

 

Luego se cuestionó: “¿Por qué tiene que morir el poeta? enseguida respondió: “Porque al morir entra en la inmortalidad. Esta paradoja la resuelve Octavio Paz con dos pensamientos prometedores. En El Laberinto de la soledad leemos: ‘la muerte es un espejo que refleja las vanas gesticulaciones de la vida’.  El otro nos lleva a reflexionar acerca del mismo hombre”.

 

Matos indicó que entre los múltiples literatos mexicanos destaca a dos: Alfonso Reyes con su visión de Anáhuac y Octavio Paz “con múltiples presencias en las que de manera formidable logra penetrar en el tiempo para darnos la esencia de aquel mundo”.

 

La ensayista, traductora y crítica literaria, Fabienne  Bradu realizó la lectura de dos poemas, El balcón y El domingo en la isla elefanta, del libro Ladera este, escritos por el autor del Laberinto de la soledad, en la India, durante dos etapas de su vida que representaron una estancia productiva e importante.

 

De hecho, marcaron “un contrates entre los dos poemas. Se siente, se percibe a un poeta muy distinto debajo de los dos”, fue tan relevante esa época que la “calificó de educación sentimental y hasta llegó afirmar que había renacido ahí. Creó que más por el amor que a la India”.

 

Por su parte, los poetas Alberto Ruy Sánchez y Ricardo Yánez recordaron la anécdota de su primer encuentro con el poeta al asistir a una mesa redonda en el Auditorio Justo Sierra de la Universidad Nacional Autónoma de México de la Facultad de Filosofías y Letras, el 10 de junio de 1971.

 

Ahí, Octavio Paz, al enterarse de la matanza de estudiantes en el Jueves de Corpus, también conocida como El Halconazo, se manifestó en contra del régimen y dijo que en casos como esos la poesía debía callar, en respeto a los caídos.