Entre copa y copa, un recuento estenopeico de Regina Mejía  

Santa Cultura

Oaxaca, Oax.- Cada uno de nosotros tenemos nuestra propia historia en alguna cantina, anécdotas que seguramente deambularán esta y otras noches de copas. Pero la ronda de hoy se sirve a cuenta de la fotógrafa Regina Mejía, para brindar por las 100 historias que capturó con su cámara estenopeica, y de las cuales 12 se revelan en esta exposición denominada: Entre copa y copa.

Embriagada por la nostalgia y la paciencia, Regina Mejía por más de un año se acomodó en las mesas de diferentes bares tradicionales para sujetar con fuerza su caja de la fascinación, y entre copa y copa brindar con sus amigos, agradecer a los conocidos que le mandaron un trago, además de contestar las preguntas de a quienes inquietaba la presencia de la enigmática cámara estenopeica.

Después de visitar las ferias de incontables fiestas patronales, en su segundo proyecto que comparte con el espectador de la Semana de la Fotografía Estenopeica en Oaxaca, Regina Mejía ha decidido meternos a la cantina, para mirar de cerca un efímero paisaje que el tiempo ha matizado con los tonos del amor y el desamor.

El color de su película es vital para alcanzar el objetivo de hacer un registro pleno y sonriente de una época que se empieza diluir.

El Otro Mundo, Los cocos, El Jinete, El Pava, El faro, Garibaldi, Pollos Bar, El veinte y Rey de Talea son parte del cartel que conforma la exposición Entre Copa y Copa, imágenes donde Regina Mejía captó la esencia de estos espacios, donde sus muros, rótulos, cromos, mobiliario y personalidad arquitectónica se miran intactos entre sombras fantasmales de quienes buscan la alegría o el llanto.

 

A TU RECUERDO

Los Ángeles Negros son invocados en la rockola del bar El Tercer Mundo, después de que un mesero inyectara unas monedas a la caja musical que enciende la euforia, en la barra un mortal trata de seguir la letra de A tu recuerdo, pero otras voces opacan su intento, la añoranza enamora a los asistentes de domingo en ese pedazo de felicidad ubicado en la calle de Zaragoza.

Desde que Regina cruza la puerta de El Tercer Mundo mira el espacio con detenimiento, toma decisiones, busca la luz y se apropia de la mesa que le permita llevarse los mejores instantes de esa historia. Luego, aparecen las amistades convenientes, las que le permiten soltar el estenopo para robarse la nostalgia de un Oaxaca prohibido, pero demasiado gozoso.

La fotógrafa sabe bien lo que quiere, y seducida por el asombro a lo largo de varias horas mueve su caja en diferentes direcciones, planos abiertos y detalles de lo que sucede en la cantina son registrados con paciencia.

Algunos no dejan de mirarla con desconfianza, otros dan un trago a su cerveza y le piden una foto, Regina es benévola y accede, su sonrisa abre cualquier mundo y otros mundos se meten a su cámara y a su recuerdo.

La presencia de Regina Mejía en esas viejas cantinas no es una historia reciente, ni una moda por explotar la identidad de algo que le ha sido ajeno. El Viejo Maqueos, su abuelo, la recibía en su negocio con un fuerte abrazo que olía a ese sabroso mezcal sin marca.

La fiesta ha rodeado siempre a esta fotógrafa y en la cantina de don Agustín Bautista Maqueos, el ambiente era intenso con un paisaje colmado de nubes, que a cualquiera hacia soñar mientras sonaba la voz de Lucha y Lola cantando recio la música de Cuco Sánchez, José Alfredo Jiménez y Juan Gabriel.

Curiosa como ha sido siempre, Regina Mejía registró con vivacidad en su infancia la personalidad de la cantina de su abuelo, las pláticas constantes, las risas interminables, los consejos y los regaños que daba a quienes acudían a la barra de ese oasis taleano, allá en lo alto de la Sierra Juárez.

 

EL DÍA QUE TE ENCONTRÉ ME ENAMORÉ

La fotografía ha sido una pasión constante de Regina Mejía, pero su encuentro con la técnica estenopeica ha consolidado uno de sus grandes quereres, como ese amor por la aventura que la llevó a conocer un día el Bar El Otro Mundo, templo de la sana diversión que hoy la recibe para brindar por los buenos tiempos captados en su obra y por los que vendrán para los amantes de la nostalgia.

La enamorada del estenopo, define a la fotografía estenopeica como una técnica que le permite explorar incesantemente esos procesos que la conducen a atesorar el asombro y la sorpresa, de la espera a entrar al cuarto oscuro y ver lo que va a emerger en cada toma realizada con rollo formato medio 120.

Escoltada por sus amigos que inevitablemente se embriagaron en cada toma, por aquellos enormes personajes que comandan cada barra y lugar fotografiado, y con la nostalgia por su querida Villa de San Miguel Talea de Castro, he aquí el corazón enamorado de la fotógrafa estenopeica Regina Mejía, reciban y salucita.