Toledo para la inmortalidad

Por José Luis Pérez Cruz / Santa Cultura

Fotos de Max Núñez

 

 

 

 

Oaxaca, Oax.- Un destellante color naranja se impregnó en el agonizante cielo azul de la ciudad. Antes de caer la noche de jueves el aire sopló intenso, no llovió, pero estos días serán húmedos para muchos sentires. Este 5 de septiembre un enorme oaxaqueño nació en la conciencia de Oaxaca y respirará inmortalidad en la historia universal.

 

 

 

A las 22:15 horas en la página de Facebook ‘Francisco Toledo Oficial’ se publicó la noticia: “La familia Toledo comunica con profunda tristeza que el maestro Francisco Toledo ha fallecido”, nota que ya había sido difundida en diversos medios de comunicación desde las 21:00 horas.

 

 

 

En septiembre se esperan fuertes sacudidas de la tierra, y Oaxaca es suelo sísmico, pero el movimiento de este cinco de septiembre agarró a todos desprevenidos, la noticia tuvo replicas que hizo estremecer profundos sentimientos, y que deja en fragilidad los cimientos de la cultura y el bienestar de Oaxaca.

 

 

 

Hace unos meses, en redes sociales había circulado un mensaje que daba cuenta de la muerte del artista juchiteco, algunas llamadas sonaron más insistentes que este jueves, pero fue solo un rumor. Hoy la realidad es distinta y la noticia caló profundo.

 

 

 

Desde hoy Francisco Toledo será visto de otra forma en Oaxaca, muy diferente a esas miradas que lo escudriñaban cuando caminaba por el centro histórico de la ciudad de Oaxaca escondido en un tímido saludo, cuando era juzgado por su apariencia sin saber sus aportes.

 

 

 

A partir de hoy Oaxaca conocerá a Toledo, se hablará de sus cualidades, de su obra, de su altruismo, de su conciencia social, de la generosidad que nunca cesó para defender lo que nadie avala, para alzar la voz de quienes se quedan callados.

 

 

 

En redes sociales se comunicó que a partir de las 23:30 horas, el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca (IAGO), sobre la calle de Macedonio Alcalá se abriría una ofrenda para quienes quisieran despedirse simbólicamente de él.

 

 

 

La foto del artista plástico Francisco Toledo fue depositada sobre una mesa de madera en el patio del IAGO. Mesa completamente desnuda de barniz y de un mantel, sencilla como la imagen cotidiana del maestro juchiteco.

 

 

 

Desde que se abrió el patio coronado de bugambilias, para improvisar una velada con aire de homenaje, los asistentes han depositado flores al pie de la pequeña mesa, mueble que sirvió para las muchas conferencias que en ese mismo foro ofreció el artista.

Las flores en su mayoría blancas iban llegado en ramos pequeños, pero grandes en afecto, son tantas que los acompañantes al duelo las colocaron en cubetas, macetas vacías y floreros de barro verde. Vierten agua para que no se marchiten, y en silencio se coordinan como se dicta en los sepelios oaxaqueños.

 

 

 

También, la presencia oficial se justifica con enormes coronas de flores; los floristas las recargan en las paredes de la biblioteca, toman fotos para avisar que la misión se ha cumplido.

 

 

 

La madrugada avanza, muchos llegan y otros se van, se escuchan voces quebradas, llanto en los pasillos, gritos que vienen de la calle donde se armó la bohemia. Todos cuentan sus anécdotas con el personaje que este 5 de septiembre nació a la inmortalidad.

 

 

 

De pronto el patio al interior del IAGO se llenó de vuelta, entre la gente llegó un cantor y su guitarra, quien expresa en voz alta su sentimiento y dedica un par de canciones, porque sin duda la música siempre aligera la emoción escondida, antes de retirarse, el cantante expresa que el maestro Toledo le dio dinero para grabar un disco, y por eso fue a despedirlo.

 

 

 

El reloj checador de una de las bibliotecas más importantes de Latinoamérica marcaba las 02:45 de la madrugada cuando se cerraron las puertas del IAGO. El patio quedó solo, con una ofrenda blanca. Los amigos cercanos a Francisco Toledo se abrazaron unos a otros al despedirse.

 

 

Afuera del espacio que cambió la vida cultural de Oaxaca, y que el artista juchiteco fundara en 1988, han quedado prendidas decenas de veladoras, que iluminan lamentos e incertidumbre; el mezcal y la cerveza avivaron los recuerdos de quienes no se quieren ir.

 

 

 

Desde este momento la figura de Francisco Toledo nace con fuerza en el colectivo oaxaqueño, con el valor que tuvo siempre, pero que no le fue reconocido en vida.