El Centro Internacional de Impuestos y Desarrollo expone que por lo general resulta más caro recaudar que los recursos que se obtienen.
Información de agencias
Ciudad de México.- En el mundo hay más de 2,000 millones de trabajadores que están empleados en la economía informal; esto representa 62% de los trabajadores del mercado laboral a nivel mundial, de acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo (OIT).
Además, significa 90% del empleo total en los países de ingresos bajos, 67% en los de ingresos medios y 18% en los de ingresos altos, reveló la OIT. Por ello, no es difícil entender por qué la idea de gravar la economía informal resulta atractiva, de acuerdo con el Centro Internacional de Impuestos y Desarrollo (ICTD, por su sigla en inglés).
“A menudo se cree que gravar la economía informal conduce a ganancias sustanciales de ingresos, tanto directamente de las empresas recién registradas e indirectamente ya que otros contribuyentes pueden percibir que el sistema fiscal es más justo; sin embargo, los intentos de gravar la economía informal generalmente dan como resultado que el costo de recaudación es más alto que los ingresos recaudados”, detalla en el informe “Taxing the Informal Economy is not a Silver Bullet for Financing Development–or the Covid-19 Recovery”.
Por ello, aseguró a los gobiernos que gravar a la economía informal no es la fórmula para lograr una recuperación eficiente en el contexto de la crisis económica derivada de la pandemia de Covid-19.
“Gravar a la economía informal no garantiza nuevos ingresos sustanciales, ni un sistema fiscal más justo. Por el contrario, se corre el riesgo de aumentar la carga sobre algunos de los grupos más vulnerables. En medio de una crisis económica esto serviría para reforzar las desigualdades sociales. Construir nuevas relaciones fiscales con personas y empresas que no están registradas en la administración tributaria puede ser una política deseable en algunas condiciones, es decir, cuando las políticas de impuestos a la economía informal estén mejor especificadas y dirigidas”, plantea el estudio.
Por ello, el ICTD, recomendó que en lugar de centrarse en la economía informal, o en las actividades informales a pequeña escala y con pocos ingresos, las políticas fiscales de los países deberían centrarse en identificar lo siguiente: Las transacciones económicas a gran escala realizadas en efectivo; las transacciones simuladas en las cuentas de las grandes empresas; y en personas con mayores ingresos que actualmente evaden de la red fiscal.
Otras alternativas fiscales
Para el instituto hay cuatro estrategias fiscales que serían mejores alternativas para recaudar más ingresos en el contexto pandémico actual.
La primera es un gravamen a los más ricos, a través de los impuestos sobre la renta, la propiedad y las ganancias de capital. “Es un recurso infrautilizado (…) Pero potencialmente eficaz para generar ingresos en los países que presentan una recaudación de ISR baja”.
La segunda estrategia indica que se deben cerrar lagunas fiscales y abordar las pérdidas fiscales a través de exenciones y esto conducirá a un aumento sustancial de los ingresos para los gobiernos. La tercera, el gravamen a las transacciones digitales ya que ofrece una forma prometedora de abordar la evasión fiscal por parte de las Big tech.
La cuarta estrategia es aumentar las tasas impositivas a los impuestos verdes para combatir el cambio climático, la cual puede ser una forma prometedora para que los gobiernos aumenten los ingresos.
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