PUED: una década de aportar propuestas en pro de México

El programa universitario aborda problemas sociales a partir de diversas aristas.

A fin de incidir en la realidad mexicana, la cual enfrenta numerosos desafíos para vencer los desequilibrios y las desigualdades, el Programa Universitario de Estudios del Desarrollo (PUED) consolida e impulsa la investigación multidisciplinaria en las políticas para el desarrollo, con perspectiva innovadora, sustentable y multicultural.

Creado el 22 de septiembre de 2011, el PUED de la UNAM celebró sus primeros 10 años de vida académica con el “14° Diálogo Nacional por un México Social: Desarrollo y Sociedad tras la pandemia”, en el cual académicos expusieron sus trabajos de investigación.

Iliana Yaschine Arroyo se refirió a la política social en México en el siglo XXI, que desde los primeros años estuvo focalizada en programas como Progresa, Oportunidades y Prospera, estrategias de política social que buscaron articular intervenciones sociales para la atención de los hogares en pobreza y grupos vulnerables.

Consideró que la estrategia funcionó mejor en el discurso que en la práctica y hubo multitud de programas desarticulados, dispersos y duplicados, aunque reconoció que predominaron algunos sociales que tuvieron mayor peso presupuestario, cobertura y centralidad en la propuesta de política.

Dijo que los niveles de desigualdad y pobreza se mantuvieron estables y que fracasaron las iniciativas para avanzar hacia modelos únicos de seguridad social y salud.

Sin embargo, en el actual periodo posneoliberal se impulsó la austeridad republicana, se incrementó el gasto social (con una recuperación a niveles de 2015), se eliminaron programas sociales previos (como Prospera y el Seguro Popular), y se crearon 17 de carácter social que se legislaron en la Constitución.

“Hoy, la cobertura de los programas sociales alcanza a tres de cada diez hogares, se ampliaron las transferencias monetarias pero son regresivas; es decir, con menor cobertura de hogares en pobreza y con montos más bajos a estos hogares”, enfatizó.

Israel Banegas González, también académico del PUED, abordó el desarrollo y desigualdad del ingreso, mediante el cual analizó el fin del modelo estabilizador de 1977 a 1984, el cambio de modelo económico de 1984 a 1998 y de la política social de 1998 a 2014, con una aparente disminución de la desigualdad.

Tras identificar la desigualdad del ingreso en México de 1977 a 2014, señaló que ambas fases coinciden con el cambio de modelo económico de “desarrollo hacia adentro” a uno de corte neoliberal. Mientras en la primera fase hubo una disminución de la desigualdad, la segunda presenta un primer periodo de alta desigualdad de ingreso, seguida de un segundo periodo donde se estabilizó.

“Con el cambio de modelo económico se observa una polarización de las fuentes de ingreso (formal e informal) y una disminución en la participación del ingreso laboral, principalmente por la reducción en el ingreso por negocios propios”, acotó.

El estudio de Banegas González establece que las políticas públicas de transferencias monetarias han tenido efecto redistribuidor, pero es pequeño para contribuir en cambios importantes en la distribución.

Al abordar el tópico de las violencias, Cristina Hernández Engrandes, dijo que las más estudiadas en el país son las ligadas al crimen organizado (como homicidios y trata de personas), las que no están necesariamente ligadas al crimen organizado (feminicidios y homicidios), las que ocurren en los ámbitos privados (como la violencia sexual y feminicidios) y las asociadas a conflictos sociales (como los linchamientos).

Con respecto a las estructuras del espacio social en donde ocurren, identificó los hogares, escuelas y el espacio público (calles, transporte) como los principales.

En la primera conclusión de un estudio que está en marcha, señaló que las violencias están transformando radicalmente lo social, por lo que el concepto de la nueva cuestión social tendrá que incorporarlas y ponerlas en el centro de todo su quehacer.

Resaltó que las violencias se incrementan, pero mantienen gran heterogeneidad y a veces se sobreponen una a la otra y tienen comportamiento diferenciado en el grupo de edad, además de que son más recurrentes en lo urbano que en lo rural.

A su vez, Saúl Arellano Almanza se refirió a un estudio histórico sobre los censos de población, que desde el México independiente se han realizado develando costumbres, profesiones, formas de vida, condiciones de género y de desigualdad social.

La tesis de su trabajo sostiene que los censos revelan la visión general del país y del curso de desarrollo de los grupos dominantes en el ejercicio del poder. “Los censos muestran, desde su perspectiva, el discurso del modelo de desarrollo”, expresó.

A partir del primer censo del México independiente, realizado en 1885, se analizaron características demográficas, nupcialidad y creencias, características socioeconómicas y etnicidad, detalló.

Por medio de estos ejercicios, que se realizan al inicio de cada década, se conocen la división social del trabajo, las desigualdades de género, diferencias de vida en el campo y la ciudad, además de los avances sociales durante generaciones, concluyó.