Sobre la Universidad y otras digresiones

Por Evelio Bautista Torres

Profesor en la Facultad de Derecho

Indicaciones del cardiólogo Joaquín Bernal -un científico austero, de preparación rigurosa, metódica y humanista- me obligan, como paciente a frecuentar el bello litoral del Pacífico. Desde acá sigo el pulso de Oaxaca-México y del mundo. Aunque a través de una limitada versión de la realidad, difundida por contados medios de comunicación masiva. Un solo diario local, la “Radio del Puerto” y dos canales televisivos. No obstante esto, por mi sencilla afición como artesano del quehacer periodístico, me pongo ahora cavilar sobre algunos tópicos en boga, como sigue.

Primero: Considero que el Ing. Jorge Bueno Sánchez, tras un lustro de fungir como cronista capitalino debe ser reemplazado, ya que, resulta ilógico que tal función sea vitalicia y honorífica. Aclaro que reconozco su competencia, mostrada antaño como magnífico Presidente del Seminario de Cultura Mexicana. Además el próximo titular del ayuntamiento necesita contar con la potestad de seleccionar en su caso, al cronista de su régimen. A propósito se cuenta con varios exponentes para éste temporal cometido, quienes ya vienen distinguiéndose con la publicación de puntuales narraciones sobre historiografía cotidiana y provincial, como Rosy Linares, Víctor Raúl Martínez Vásquez, Jaime Palau Ranz, Guillermo Rojas Rangel, Gerardo Castellanos Bolaños.

Los cronistas precedentes, naturalmente ya extintos asumían el oficio ya en la senectud, a excepción de mi dilecto excondiscípulo Rubén Vasconcelos, cuya accidentada existencia fue relativamente breve, pero plena, pues alcanzó la gubernatura; rectifico, la Rectoría Universitaria. Plazas las dos por cierto equiparables en nuestra entidad como en otras en otras del país.

Segundo: Abundando sobre los asuntos universitarios, considero positivo los recientes planteamientos críticos del Presidente AMLO acerca de la UNAM, sin duda la Universidad de la Nación según afortunado slogan publicitario aun cuando muy a pesar de su reinante laxa ideología social y la decadente Ley Orgánica que la rige, que data de 1945. Esta permite entre otras flaquezas que sus rectores sean designados –no electos-por un cenáculo de 15 funcionarios administrativos ad hoc. Así, ya en ejercicio obran con suma arbitrariedad, acudiendo frecuentemente al cómodo pero cruento uso y abuso de la fuerza pública, incluido el ejército para dirimir controversias internas que solamente requieren debates y diálogo.

Además son reelectos y, con absoluta unilateralidad decretan expulsiones definitivas, (una especie de pena capital) contra estudiantes y profesores prominentes cuyos liderazgos les resultan molestos e incómodos. Vr. Gr. La impuesta al motejado “Moch” (olvidamos lamentablemente su nombre) becario de la Facultad de Ciencias Químicas por su lucha contra el incremento de cuotas por matrícula. Gesta que salió avante ocasionando de paso la dimisión del rector Francisco Barnés pero, también como una represalia; el asalto militar al Campus Universitario. Y, más recientemente la sumarísima “destitución” del catedrático y Dr. En Ciencias Marcelino Perelló, máximo dirigente estudiantil  y Presidente del Consejo Nacional de Huelga en el Movimiento del 68. Personaje emblemático tan notable como Alejandro Gómez Arias (Oaxaqueño) y Adolfo López Mateos (ex-presidente), gestores en México de autonomía universitaria. Superiores por supuesto al oftalmólogo Enrique Graue.

Por cierto, también en la UABJO urge atender la exhortación presidencial, reanudando los cursos “presenciales” y desde luego emprender la elección del próximo rector. Resulta incongruente que mientras los niños mexicanos ya reciben clases en las aulas corriendo riesgos, los universitarios vegetemos apoltronados pero percibiendo sueldos. Y no olvidar lo básico: constituyen los estudiantes –lo sostuvo Sartori- el factor primordial de las Universidades, y a su servicio deben responder los docentes y todas las autoridades de éstas magnas instituciones públicas.

Tercero: Ahora, un pasaje sui géneris evocado por una de las múltiples exposiciones en la prensa de parte del Arzobispo Pedro Vásquez Villalobos. Por las que exhorta a la feligresía y a sus mismos colegas primados a realizar el bien y recriminar el mal. Declaró apenas: “católicos, ayúdennos para que seamos mejores sacerdotes”. Esto me permite reabrigar la esperanza para que  tan influyente prelado intervenga en el peculiar caso que aquí relato para rematar ésta nota:

Hace algunos años el señor Nicolás Ramírez García y la señora Saavedra, “su pareja”, acudieron a mi domicilio familiar solicitándonos el “uso gratuito” de un predio contiguo al de ellos, ubicado en la continuación de la calle Emiliano Zapata de la colonia reforma. Eso para utilizarlo como bodega de materiales de construcción para sus fincas aledañas, accediéndose a tal solicitud. Pero resulta que el peticionario Nicolás Ramírez identificado luego como el párroco de la Villa de Zaachila y ostentándose hoy, como rector de la Basílica de la Soledad; aunque parezca inverosímil, edificó lo proyectado pero también otra residencia sobre el predio que amablemente se le facilitó y, hasta lo renta.

Ante los frecuentes reclamos, que han resultado infructuosos, tal clérigo se opone a la devolución del terreno arguyendo que localizó papeles que prueban su propiedad y que además ya lo heredó a sus descendientes. Y por si esto fuera poco, se jacta de contar con el respaldo de distintos abogados que actúan bajo la dirección del Sr. Lic. Roberto Pedro Martínez Ortiz, estimable profesionista pedagogo y atleta con quien el suscribiente ha intercambiado diferentes asistimientos en varias épocas. Precisamente por consideraciones a éste, desde hace más de un año le he buscado telefónicamente en la Cd. de México, sitio en que reside y, como respuesta indirecta a mis múltiples mensajes se ha servido como intermediario de su alumno predilecto el también Jurista Pedro Celestino Guzmán Rodríguez para informarme que: él no puede intervenir en la disputa porque el cura Nicolás Ramírez es su compadre y se trata de un tipo osco y de pronóstico reservado!

Así las cosas y por la naturaleza de la cuestión que tratamos de resolver sin altercados, acudí al también clérigo Bertoldo Yescas, amigo desde la infancia, quien coincidentemente fue compañero de estudios en el Seminario local de Nicolás Ramírez y antecesor en el curato de Puerto Escondido del actual Arzobispo Pedro Vásquez. Éste, por todo lo descrito se mostró inicialmente accesible, prometiendo fungir como conciliador y, requerir en lo necesario a Nicolás Ramírez. Sólo pidió el Sr. Arzobispo que el exponente le formulara un memorándum al respecto. Lo que por supuesto realicé con toda ponderación y deferencias.

Pasaron meses de incertidumbre y hasta presumo que se impuso la contumacia de Nicolás Ramírez (reputado también como un sujeto alevoso). Fatalmente poco después fallece el pastor Bertoldo Yescas e infiero que aprovechando esta triste coyuntura el Arzobispo Vásquez Villalobos por conducto del portavoz Ricardo Antonio Mendoza Ruiz me ha remitido oralmente éste laberíntico recado: “que sentía desligarse por ahora del trato o convenio, dejándolo pendiente, pues la infracción de Nicolás Ramírez fue cometida en su papel de civil y no de eclesiástico”!

Se espera que por éste texto acabado de citar y sus declaraciones a la prensa anunciada renglones antes contemos con la participación genuina del Sr. Arzobispo para la solución de éste disenso interviniendo asimismo el tutor del Sr. Nicolás Ramírez, el estimable letrado Martínez Ortiz, evitándose así más litigios y hasta funestas dificultades . Pongo fin a esta columna elaborada bajo protesta de decir verdad, de buena fe y sobre todo R e s p e t u o s a m e n t e.