jueves, agosto 11, 2022

El arte también es ver hacia atrás y rehabilitar: Quintanar 

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Francisco Daniel Quintanar trabaja con los alumnos que cursan la Escuela de grabado menos tóxico, programa que impulsa el CaSa y que va en su sexta generación 

En el programa Escuela de grabado menos tóxico que realiza el Centro de las Artes de San Agustín (CaSa) los alumnos aprenden procesos tradicionales gráficos menos tóxicos; son técnicas gráficas que llevan cientos de años realizándose, pero aquí lo que cambia es el químico que utilizan: el sulfato de cobre y una corriente eléctrica en lugar de ácido sulfúrico lo que hace que no sea tóxico ni para el impresor ni para el medio ambiente.

 

Francisco Daniel Quintanar, artista que imparte el primer módulo, indicó que a veces, “el arte es ver hacia atrás, ver lo que se generó, lo que se constituyó y al final de cuentas es entender que hay una historia y se deben rehabilitar esos procedimientos”.

 

Y es que comentó que artistas como el holandés Rembrandt van Rijn usaban el sulfato de cobre hace muchos años, “era un químico que de repente salió de los materiales que utilizaban y ahora nuevamente lo estamos usando”.

 

Agregó que aunque se piensa que hacer gráfica menos tóxica es algo nuevo, la técnica tiene más de 200 años, “es un procedimiento que se creó por 1880; era un proceso industrial y como tal, se hizo solamente a nivel industrial. Se trata de la galvanoplastia, que eran procedimientos para la red de producción automotriz, fue una dinámica industrial”. 

 

Quintanar comentó que años después “nos entró la conciencia ambiental, y muchos artistas, sobre todo europeos, empezaron a investigar y rescatar esta técnica que es la electrografía”.

 

Sobre lo que realizan en el programa Escuela de grabado menos tóxico dijo que la ventaja de este proceso son los químicos que se utilizan, ya que en los otros procesos se usan químicos como el ácido nítrico, que es muy agresivo, y percloruro de hierro que tiene un rango de toxicidad vía cutánea.

 

“El químico que usamos aquí es sulfato de cobre, que se usa en la fertilización; desde ahí podemos darnos cuenta que tenemos un químico que no es tóxico para el medio ambiente y tampoco para nosotros. Hay que entender que todo proceso químico deja residuos, y la ventaja de este procedimiento, es que es muy bajo el esquema de materiales tóxicos que genera, no emite vapores”.

 

Durante las clases los alumnos conocen las diferentes técnicas y procedimientos del grabado electrolítico, el manejo de materiales y herramientas, además del equipo de electrólisis para la realización de procesos gráficos menos tóxicos con el que cuenta el CaSa.

 

Quintanar comentó que, cuando se hace el procedimiento, están conectados a una fuente de poder, con muy poco voltaje. “Es como de una pila, por lo mismo que el voltaje es muy bajo no genera reacción química. La reacción se queda en el tanque donde se hace el procedimiento, no se desprende nada, es la ventaja de este químico”.

 

Quintanar es el encargado de introducir a los alumnos en la técnica. Empiezan con la técnica de punta seca, que es una talla directa, y después hacen aguafuerte y luego aguatinta. Esas mismas técnicas son usadas en el grabado tradicional. 

 

Quintanar es licenciado en Artes Visuales por la Facultad de Artes y Diseño de la UNAM. Comentó que el CaSa, como escuela, es pionero en este programa, “ninguna institución involucra procesos menos tóxicos, ni la UNAM tiene un espacio para trabajar la técnica. El CaSa tiene, desde su fundación, el perfil de hacer actividades amigables con el medio ambiente.

 

La Escuela de grabado menos tóxico va en su sexta generación. Quintanar mencionó que en cinco generaciones han tenido alumnos de distintas partes, de Baja California Sur, Chiapas, Guanajuato, Veracruz y principalmente de Oaxaca.

 

“Varios de los participantes han seguido difundiendo los procesos menos tóxicos en la gráfica. Un chico de Orizaba, Veracruz montó su taller. Desafortunadamente no es tan fácil llegar a montar un taller de gráfica, aunque en Oaxaca nos han demostrado que montar un taller es posible, pero la mayor parte de los talleres de aquí tienen otro perfil. La idea es involucrar a los participantes para crear sus propios espacios o generar espacios colectivos menos tóxicos”.

 

Por último el artista visual detalló que son varios los centros de artes en el país interesados en replicar la enseñanza de la técnica, “a veces lo que frena esto son situaciones de presupuesto y de cómo ellos están definiendo sus formatos de formación y conducción académica”.

 

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