Un coyote que también sonaba: el silbato zoomorfo de los antiguos totonacas

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Mucho antes de que la música llegara a los escenarios y a los instrumentos modernos, las antiguas culturas de México ya encontraban en el barro una forma de crear sonidos y, al mismo tiempo, representar el mundo que las rodeaba.

Un ejemplo de ello fue un silbato zoomorfo de la cultura totonaca, elaborado durante el periodo Clásico, entre los años 100 y 850 d.C., y que actualmente forma parte de la colección del Museo Nacional de Antropología.

La pieza fue modelada con la figura de un cánido, posiblemente un coyote, animal que quedó representado con el hocico abierto y la dentadura visible. Sobre la cabeza porta un tocado semicircular que complementa la composición.

El instrumento, elaborado en cerámica, tenía un cuerpo de forma esférica y aprovechaba las patas y la cola del animal como puntos de apoyo. En la parte posterior conservaba una embocadura ovalada, característica que permitía utilizarlo como instrumento musical.

Además de su función sonora, el silbato destacaba por su decoración. Sobre la superficie aún podían apreciarse bandas y líneas en tonos blanco, azul y café, que daban mayor expresividad a la representación animal.

La elaboración de este tipo de aerófonos fue recurrente entre las culturas de la Costa del Golfo durante el periodo Clásico. Los artesanos no solo creaban objetos destinados a producir sonidos, sino que incorporaban en ellos representaciones de la fauna que formaba parte de su entorno y de su imaginario.

Así, un pequeño animal moldeado en barro se convirtió en una pieza que permitió acercarse a la manera en que los pueblos del México antiguo relacionaban arte, naturaleza y música, dejando como legado un instrumento que, siglos después, continúa despertando curiosidad por la historia que guarda entre sus formas.

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