Componente emocional, esencial para enfrentar los problemas de alimentación en infantes

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Intervención del Dr. José Valle Burián / Foto: ambientación (Pexels)

Durante la décima sesión de “Diálogos con los Padres de Niños y Adolescentes”, el Dr. José Valle Burián abordó un tema que preocupa a muchas familias: el hábito de la alimentación en la infancia.

Pregunta.- En cuanto al hábito de la alimentación estoy pasando por una situación muy preocupante: Tengo dos niños de 5 y 6 años que son un problema para comer, pues los tengo que perseguir para sentarlos a la mesa y amenazarlos o prometerles dulces o juguetes para que coman. Si me dicen que la comida no les gusta, con tal de que se alimenten les hago sus “antojitos”. Cada tiempo de la comida es una batalla en que me paso casi dos horas para lograr que terminen lo que les serví. Esto me deja muy cansada y a veces termino dándoles de comer en la boca. ¿Qué se puede hacer?

Respuesta.- Todos los niños nacen con la necesidad y el conocimiento de alimentarse, solo deben de aprender a establecer y manejar ese hábito con la ayuda de sus padres. El alimentarse es vital para que el niño tenga un desarrollo sano y si no se alimenta adecuadamente corre el riesgo de enfermar. Este riesgo de enfermarse angustia mucho a los padres que con tal de que su hijo tome sus alimentos, recurren a todos los métodos posibles: desde amenazas y castigos hasta promesas de complacerlo en lo que les pida.

Está muy bien que los padres cuiden de que el niño se alimente para mantenerse sano, pero sin olvidar que tomar los alimentos tiene un componente emocional muy importante.

Pregunta.- ¿Lo puede explicar por favor?

Respuesta.- En primer lugar, alimentarse es una necesidad vital presente desde las pocas horas de nacer, el bebé la siente y se vale de su “reflejo de búsqueda” para lograrlo.

Pregunta.- ¿Qué es el reflejo de búsqueda?

Respuesta.- Ustedes han visto que si a un bebé le tocan los labios a uno u otro lado de su boca con un dedo, el biberón o el pecho, busca prenderse a ellos para succionar y alimentarse. Y casi enseguida le llega a la boca la leche tibia de mamá para saciar su hambre. El amamantarlo se repite varias veces al día y, aún por la noche, más pequeño es. Si su necesidad es atendida sin mayor dilación, interpretamos que el bebé siente que “el alimento es bueno” porque calma su necesidad y aparece cada vez que lo necesita y por lo tanto lo desea y le cobra afecto. 

Ustedes habrán visto la reacción del bebé cuando se tardan en amamantarlo o prepararle el biberón: llora sin que puedan calmarlo y rechaza el pecho o el biberón, aunque se lo pongan en los labios. Tienen que pasar unos minutos para calmarse y solo entonces aceptará el alimento. Afortunadamente esto sucede rara vez, pero si por alguna circunstancia se repitiera con frecuencia, esto va dejando en el bebé una “huella emocional” muy importante. 

Pregunta.- ¿Dice usted que el niño, antes que a mamá, siente afecto o amor por el alimento?

Respuesta.- Sí, porque le calma una necesidad intensa que es su hambre, por lo tanto, repito, siente que “El alimento es bueno”. Vean al bebé que acaba de tomar el biberón o el pecho: tiene una expresión de satisfacción y de relajación muy notorias. Conforme el niño se va desarrollando se va dando cuenta que “alguien” lo alimenta, que el alimento no aparece mágicamente, que hay un tiempo de espera entre su hambre y su satisfacción, que hay un “alguien”, o “persona”, que generalmente es la madre, aunque a veces puede ser la abuela o la nana y, por lo tanto: la persona que lo alimenta también es “buena” y se va apegando a ella y le va cobrando afecto. El niño no nace amando a quien lo alimenta, es un proceso gradual de aprendizaje con implicaciones muy profundas.

Pregunta.- ¿Entonces mis niños de 5 y 6 años no me aman y por eso no quieren comer?

Respuesta.- Todo lo contrario, la aman tanto que creen que pueden hacer con usted y con lo que les ofrece lo que quieran.



Pregunta.- Pero doctor, como dicen en mi rancho: ¿“Mientras me condeno qué como? ¿Qué hago con mis niños para que se sienten a comer en paz?

Respuesta.- Permítame referirle el siguiente caso: Una madre nos consulta porque tenía dos hijos con el mismo problema que usted tiene; un día se armó de valor y los reunió para decirles con un tono de voz amable: Hijos de mi corazón, a partir de este día a la hora de las comidas los llamaré a comer una sola vez, deben de quedarse sentados hasta terminar sus alimentos. Yo me sentaré a comer con ustedes y en 20 minutos debemos terminar lo que nos sirvamos; el tiempo lo contaré en el reloj de la pared. El que se levante de la mesa, también su plato se levantará para irse al fregadero de trastes; quien se ponga a jugar y no coma, no le llamaré la atención, pero a los 20 minutos su plato se levantará esté como esté. Si no les gusta lo que les serví o no logran terminárselo en 20 minutos, de todos modos, sus platos se levantarán y no les cocinaré otros alimentos. No podrán comer nada entre comidas si no terminan los alimentos que les sirva. Esta regla empezará a aplicarse a partir de hoy mismo. ¿Entendieron hijos?

La respuesta de los niños fue un “Sí mamá” indiferente pues creían que mamá no sería capaz de aplicar esa regla, ya que sabían cómo hacer que los persiguiera para llevarlos a la mesa o tomar ésta para sus juegos. También estaban seguros de que mamá les haría sus “antojitos” si se lo pedían.

Pregunta – ¿Y qué sucedió?

Respuesta.- Mamá llamó a comer a los niños, se sentaron a la mesa, mamá sirvió los platos, también el de ella y todos empezaron a comer hasta que, en pocos minutos los niños empezaron a jugar, a levantarse y ya no siguieron tomando sus alimentos. Mamá siguió comiendo, haciendo un gran esfuerzo para no ponerse a perseguirlos ni a dar órdenes, como siempre lo había hecho. A los 20 minutos anunció: “Se terminó la hora de la comida, se levantan los platos como están. La siguiente comida será a la hora de la cena”. Los niños se levantaron de la mesa felices, pero no habían pasado dos horas cuando sintieron las punzadas del hambre y le pidieron a la madre que les diera algo de comer. Sin enojo, ni regaños mamá les recordó la regla y entonces los niños recurrieron a sus “armas poderosas”: el rogar y llorar.

Pregunta.- Yo hubiera cedido, les hubiera dado de comer o una golosina o fruta y más porque no habían terminado lo que se les había servido.

Respuesta.- Si usted hubiera cedido a los ruegos de los niños, habría perdido el control y su credibilidad ante ellos, ya que la regla que había anunciado no se aplicaba, que estaba usted haciendo lo de siempre.

SOBRE EL DR. JOSE VALLE BURIAN

Es médico egresado de la Facultad de Medicina de la UNAM., con especialidad en Psiquiatría General y Psiquiatría de Niños y Adolescentes de la División de Posgrado de la Facultad de Medicina de la UNAM. También es Terapeuta Familiar por el Instituto de la Familia. A.C. Y Criminólogo por el Instituto de Ciencias Penales. Se ha desempeñado como Clínico en el Instituto de Salud Mental DIF., y en el Instituto Nacional de Pediatría y Profesor de Psicología Médica y Psiquiatría en la UNAM.

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