Desde la tradición y la memoria de Oaxaca, el artista plástico construye un lenguaje contemporáneo donde el color, las formas geométricas y las máscaras exploran la identidad, la pertenencia y la condición humana, mientras acerca el arte a las comunidades mediante el muralismo y la creación colectiva.
Por Lucio Gopar / Fotos: Omar Maya Calvo
Oaxaca, Oax.- Desde la región Mixteca, Eddy Balám ha construido una propuesta artística en la que la geometría, el color y la imaginación se convierten en herramientas para explorar la identidad y la memoria de un territorio. Su obra retoma tradiciones, personajes, animales y símbolos de Oaxaca para transformarlos en un lenguaje contemporáneo, mientras que su trabajo comunitario amplía los límites de la pintura y convierte al arte en un espacio de encuentro y participación.
En una plática con el artista plástico, comparte su visión sobre la expresión de su obra pictórica y la estrecha relación que mantiene con Oaxaca:
“La pintura mantiene una relación estrecha con Oaxaca. En ella aparecen referencias a sus tradiciones, personajes, animales, símbolos y formas de vida, pero sin plantear una representación meramente folclórica. Balám transforma esos elementos mediante un lenguaje contemporáneo, cargado de color, imaginación y deformación geométrica. De esta manera, la tradición deja de ser solamente memoria y se convierte en materia para construir nuevas imágenes”.

Una de las líneas más interesantes de la producción reciente del artista Eddy Balám es la reflexión en torno a la máscara. En sus series relacionadas con este tema, la máscara adquiere un sentido que va más allá del objeto ritual y se convierte en una metáfora de las identidades que construimos cotidianamente: aquello que mostramos ante los demás y aquello que permanece oculto. Esta preocupación vincula su investigación artística con preguntas contemporáneas sobre la identidad, las emociones y la condición humana.
Originario de la Mixteca oaxaqueña, Balám ha construido un lenguaje visual reconocible a partir de la geometrización de las figuras. Él mismo ha denominado “cuadrismo” a esta manera particular de aproximarse al cubismo: cuerpos, animales, rostros y elementos de la cultura popular son fragmentados, reconstruidos y reorganizados mediante planos geométricos. Esta búsqueda formal no funciona únicamente como recurso estético; es también una manera de cuestionar cómo observamos y cómo construimos nuestra propia realidad.
Al mismo tiempo, su trabajo ha dejado de limitarse al espacio tradicional del estudio o la galería. Su participación en proyectos de muralismo comunitario y talleres ha convertido al arte en una herramienta de encuentro. El proyecto Arte Urgente para Todos, por ejemplo, busca llevar talleres, exposiciones e intervenciones murales a comunidades de la Mixteca, involucrando a niñas, niños, jóvenes y adultos.


Esta dimensión comunitaria es fundamental para comprender su producción actual. El mural deja de ser únicamente una obra realizada por el artista y se transforma en un espacio colectivo donde diferentes personas pueden participar en la construcción de una imagen sobre su propia comunidad.
Por ello, el trabajo del artista oaxaqueño Eddy Balám en 2026 puede entenderse como un puente entre dos territorios: el de la investigación plástica individual y el de la creación colectiva. En el primero, desarrolla su lenguaje geométrico, sus personajes y sus exploraciones sobre el cuerpo, la máscara y la imaginación; en el segundo, utiliza el mural, el taller y la participación comunitaria para acercar el arte a lugares donde históricamente las posibilidades de formación y producción artística han sido más limitadas.
Su trayectoria muestra así una evolución significativa: del arte urbano a la pintura, de la exploración geométrica a la construcción de un lenguaje propio y de la obra individual hacia una práctica artística con conciencia comunitaria. La prensa ha señalado precisamente esta combinación entre su propuesta pictórica y su compromiso con la cultura de la Mixteca.
En este sentido, 2026 representa para Eddy Balám un momento en el que su obra parece preguntarse no solamente “¿qué quiero pintar?”, sino también “¿para quién, desde dónde y con quién estoy creando?”. Su mayor aportación quizá se encuentre ahí: en demostrar que una identidad artística contemporánea puede construirse desde la periferia, desde la memoria de un territorio y desde la necesidad de compartir el arte con otros.



Eddy Balám no pinta únicamente la Mixteca: la utiliza como punto de partida para hablar de identidad, transformación y pertenencia. Su obra convierte la geometría en lenguaje, la máscara en metáfora y el mural en espacio de encuentro.
La trayectoria de Eddy Balám se encuentra en un momento de consolidación y expansión. Su propuesta artística parte de una investigación personal sobre la forma, el cuerpo y la identidad, pero progresivamente ha incorporado una dimensión social y comunitaria que convierte su producción en un diálogo constante entre el artista, su territorio y las personas que lo habitan.
La pasión por la expresión artística que impulsa a Eddy Balám lo mantiene pleno y satisfecho en su día a día, rodeado de personas que aceptan sus propuestas y comparten sus ideas. Para él, este momento representa la satisfacción de haber logrado dedicarse a lo que le gusta y sentirse cómodo con el camino que ha elegido. Lo demás, considera, llegará por añadidura, porque confía en que el universo dará a cada persona aquello que merece.


